Pieza de barro cocido hecha en forma acanalada, para cubrir por fuera los techos y recibir y dejar escurrir el agua de lluvia, que hoy se hace también de forma plana.
Según la forma, las tejas se pueden dividir en curva, mixta y plana:
• Las curvas o árabes tienen forma acanalada.
• La mixta tiene una apariencia parecida a la anterior, pero uno de sus extremos está compuesto por una parte plana, con ranuras destinadas a la correcta unión entre unas tejas y otras.
• Las planas poseen también un sistema de encaje, pero las diferencia de las anteriores la ausencia de una parte curva.
Además de estos tres tipos básicos, en el mercado se encuentran otras piezas muy variadas destinadas a solucionar la cubierta de los puntos conflictivos del tejado, como las chimeneas o las aristas y picos.
Dentro de cada una de las variedades, los fabricantes muestran multitud de diseños para adaptarse a todo tipo de construcciones. Disponemos de tejas de tono prácticamente blanco, apropiadas por ejemplo, para los pueblos blancos de Andalucía, o del tono más usado, el rojo -que se utiliza para todo tipo de elementos-, el color teja, pasando por gamas en las que conviven varias tonalidades con el fin de aparentar un aspecto envejecido, aptas para casas de aspecto rústico.
Uno de los materiales de construcción más extendidos por todo el mundo como revestimiento de tejados es la teja cerámica. Su origen es incierto, aunque es en Asia Menor donde se convierte en un elemento imprescindible en la albañilería. Este producto constructivo se fabrica con arcilla cocida. Aunque su forma ha ido evolucionando a lo largo de los siglos, lo cierto es que los principios en los que se fundamenta su uso son básicamente los mismos.
La característica principal de las tejas elaboradas con arcilla es su duración indefinida. En un tiempo en el que todo parece pasajero parece imposible creer que un material pueda durar eternamente, pero la realidad demuestra que las tejas perduran durante mucho tiempo sin variar en exceso su apariencia. Desde luego, pueden romperse o estropearse, pero con unos sencillos cuidados de la cubierta de los edificios, se mantienen en buenas condiciones por una larga temporada
Existe en diversas zonas de la geografía española una forma peculiar de instalar teja curva, caracterizada por prescindir de las tejas cobijas y utilizar, por tanto, sólo tejas canales. Aparentemente esto sería una garantía para que se produjeran filtraciones sistemáticas y patológicas de agua en la edificación, pero lo cierto es que el sistema se ha manifestado como bastante eficaz.
Analizando en profundidad el tema, podemos sacar las siguientes conclusiones:
- En primer lugar, decir que no hay, ni mucho menos, una explicación unánime entre los más antiguos usuarios vivos de este tipo de construcción. Desde luego, sólo la gente más mayor de los pueblos puede conocer realmente el porqué de este uso, ya que ellos ejecutaban así intencionadamente cuando, sin embargo, en nuestros tiempos se vienen realizando tejados de esta manera por cuestiones puramente estéticas, por costumbre o por imposición de la normativa urbana. De este modo, un constructor actual puede no tener ni idea del funcionamiento de estos tejados. A esto hay que añadir que al día de hoy ya no se confía la impermeabilidad de la cubierta a un tejado de estas características, por lo que se utilizan sistemas de impermeabilización bajo teja que tienen como efecto negativo el que nos impiden por completo conocer el grado de eficacia que podría tener el tejado únicamente.
- La gente mayor nos habla de varias razones para hacer así los tejados y, de entre ellas, la más extendida es la del viento. Debido a la ligereza de las tejas curvas, el viento provoca que cada invierno se vuelen de los tejados algunas tejas y se descoloquen muchas otras, casi todas ellas precisamente las cobijas, obligando a un perenne mantenimiento del tejado que incluye cierta reposición de tejas. Esta argumentación parece muy razonable y es cierto que siempre veremos este tipo de tejados en zonas muy ventosas.
- Otra razón que podemos oír hace referencia a la economía, alegando que son construcciones muy pobres y de zonas deprimidas, por lo que ahorrarse casi el cincuenta por ciento de las tejas tiene su importancia, aunque se sacrificase en parte la eficacia del tejado.
- También nos cuentan que antiguamente se instalaban así las tejas únicamente en naves de uso agropecuario, por lo que igualmente pesaba más el coste de la obra que obtener una eficacia total. En este caso, además, el ahorro es doble, pues un tejado más ligero posibilita hacer una estructura también más ligera, lo que es especialmente interesante cuando hay volúmenes amplios como son los de las naves para este tipo de usos. Posteriormente este sistema se introduciría en la edificación residencial en casos de necesidad económica.
- Lo cierto es que el sistema parecía que desaparecería de forma progresiva y durante un tiempo sólo se veían este tipo de tejados en las construcciones más antiguas, allá donde éstas se habían mantenido en su estado original. Pero recientemente (últimos 10 años) ha habido un auge enorme de tejar así en algunas zonas debido en primer lugar a la búsqueda de la estética rústica y en segundo lugar a un especial interés por lo autóctono.
- Actualmente está claro que existe este interés por preservar lo autóctono, lo cual parece haber salvado esta forma de tejar, pero yo añadiría que tras ello se esconde también la obsesión política por dar relevancia a todo aquello que distingue a cada pueblo, como muestra de singularidad. Aquí ya no tiene nada que ver la eficacia del uso y sí mucho otro tipo de intereses que, aunque sean bienintencionados, a veces falsean la realidad. En este sentido podemos poner el siguiente ejemplo real. La catedral de Segovia siempre tuvo un tejado al estilo árabe, esto es, de teja canal y teja cobija, tal como lo muestran representaciones pictóricas antiguas y tal como se ha conocido hasta fechas recientes. Sin embargo, cuando hace pocos años se licitó la obra de la restauración del tejado, el pliego de condiciones recogía la obligatoriedad de tejar al estilo “tradicional” segoviano, para lo cual evidentemente había que retirar las tejas cobijas existentes. Esto desde luego es una inadecuada interpretación de lo tradicional, pues precisamente lo tradicional era teja curva con canal y cobija, ya que así estuvo siempre cubierta esta catedral.
- Siguiendo con esta cuestión anterior, diremos que los edificios más representativos segovianos, en aquellos en los que para su construcción se supone que no hubo problema presupuestario alguno, el tejado siempre contaba con ambas tejas y nunca era de “teja vana” (así llaman muchos a este sistema de instalar sólo con las canales, aunque en realidad es una frase hecha que significa que sólo se tiene por cubrición las tejas o la techumbre, sea ésta de la forma que fuere). Desde la mencionada catedral, la Real Fábrica de Vidrio de La Granja, conventos e iglesias, hasta todo tipo de construcciones urbanas e, incluso, edificios industriales antiguos se han tejado siempre, en la misma zona, con teja canal y teja cobija. Por eso no podemos decir que tejar sólo con canales sea la forma de construir tradicional y propia de esa zona de España, aunque sí quizás fuese una forma popular de hacerlo.
- Tuve la suerte de conocer al último fabricante, por entonces en activo, de teja curvas específicamente conformadas para este tipo de tejados. Se trataba del propietario de una minúscula y rudimentaria fábrica cerca de Pedraza, que contaba con sus propias canteras, y aún mantenía un anacrónico pero interesantísimo horno árabe, seca al aire, y un moldeo con gradillas y galápagos. Algo sorprendente, pero guardo como recuerdo de aquél encuentro algunas piezas y moldes en mi colección particular.
- La fábrica estaba tejada a teja vana con este peculiar estilo, sin cobijas. Uno de los días en los que estuve allí llovió con insistencia y el propietario de la fábrica tuvo a bien mostrarme la eficacia de aquél sistema, despejándome en ese momento gran parte de las dudas que yo tenía, las mismas que suelen asaltar a mucha gente afín al mundo de la construcción.
- Estas tejas se instalan remontándose entre ellas y por filas, formando canales continuos de arriba abajo en el tejado, con la particularidad de que entre filas contiguas las tejas se instalan invertidas, esto es, en una fila se montan con la boca estrecha de la teja hacia arriba y en la fila inmediata con la boca ancha hacia abajo, de modo que este sistema hace que las tejas se acoplen muy bien consiguiendo que se cubra con bastante precisión la práctica totalidad de la superficie de la cubierta. Pero como entre fila y fila no se monta otro juego de tejas solapando, es evidente que entre cada fila de tejas queda un pequeño espacio intersticial que, por supuesto, está expuesto a que el agua de lluvia entre por él. Es así que efectivamente algo de agua entra pero yo, que he estado viendo llover mientras tenía a observación directa las tejas (en esta construcción y en otras), puedo atestiguar que el agua que entra es inapreciable y, de hecho, apenas recibí alguna gota de lluvia sobre mí. Pero esto, que no sería aceptable con las normas y cánones actuales, era algo perfectamente asumible en el pasado.
- La cuestión es que si medimos el área cubierta por tejas en el tejado y el área descubierta, concluiremos que se llega a cubrir en torno a un 98 % del tejado (en un metro lineal transversal, menos de 2 cms estarían descubiertos). Trasladando este dato a un fuerte chaparrón o a un día muy lluvioso, 25 litro/m2 por ejemplo, que cayese sobre una construcción con planta de 100 m2, obtendríamos como dato que el agua total caída sobre el tejado sería de 2,5 m3 (2.500 litros) y la filtrada al interior 50 litros repartidos en 100 m2. O lo que es lo mismo, medio litro por m2, lo que equivale a repartir el agua que contendría una botella pequeña de agua mineral en 1 m2. El agua salpicada no sería un elemento distorsionador de estos datos, pues mientras que con otros tipos de teja sí puede conducirse bajo un solape, con esta forma peculiar de tejar simplemente se mantendría sobre el plano de las tejas.
- Puede parecer muy elevado este dato de potencial filtración de agua, pero si aplicamos estos datos a una construcción residencial antigua en la que sabemos que bajo teja había, en el peor de los casos, una base de adobe más una estructura de madera, podemos comprender que entre ambos materiales absorbían perfectamente esta cantidad de agua sin llegar a provocar filtraciones al espacio habitable. Y la situación aún mejoraría si bajo la teja hubiera un tablero de cerámica con capa de compresión, forma de construir muy habitual por entonces. Y aún más si hubiera una cámara de aire ventilada con tabiques palomeros bajo el tejado. Porque lo relevante es que la presencia de esa cantidad de agua está perfectamente repartida en el conjunto de la cubierta y no se concentra puntualmente en determinadas zonas. En todo caso se podría producir una sensación de humedad ambiente más acusada, ya que la techumbre estaría húmeda, aunque esto era en cualquier caso una realidad inevitable en los tiempos de las ventanas y puertas de madera con grandes holguras. Para paliarlo bastaba una buena lumbre de leña, que calentaba y secaba a la vez.
- Si, por el contrario, se trata de una obra para uso agropecuario a la que aplicásemos esa cantidad de agua real de lluvia, aunque nos encontrásemos con teja vana, o sea, teja vista desde abajo, en ningún caso nos encontraríamos con un problema funcional o patológico, pues sería perfectamente aceptable esa pequeña presencia de agua repartida por entre el conjunto de la nave y de la estructura que soporta la teja, que en este caso sería cascote o adobe y entramado de madera.
Pero claro, aceptar una cierta entrada de agua sigue sin ser suficiente explicación del porqué este sistema de tejar se ve sólo en determinadas zonas geográficas. Es aquí donde intervienen otras razones, que a continuación indico.
- Antes de nada hay que tener en cuenta que cuando se produce la clásica e indeseada gotera en un tejado, esto nunca se produce porque haya un agujero en el tejado o por la falta de una teja o de varias tejas (siempre que sean cobijas), sino porque hay una ruptura de flujo en una de las canales que recogen y conducen el agua, de modo que el agua que se filtra es la recogida por una multitud de tejas, afectando a una amplia área del tejado. Por eso las tejas realmente importantes son únicamente las canales pues una canal cercana al alero, por ejemplo, puede llevar un río de agua producto de la lluvia caída sobre unos cuantos metros cuadrados. Sin embargo, si se vuela una cobija el daño es inapreciable (muy frecuentemente se ven construcciones antiguas a las que les falta un número indeterminado de tejas cobijas y no se ve que cause grandes males). Por tanto, si hacemos el cálculo podemos encontrarnos con que una canal rota puede verter en cualquier día de lluvia hasta 100 litros en un punto concreto de la cubierta, garantizando con ello que se produzca una gotera, y la ausencia de todas las cobijas, sin embargo, sólo filtraría medio litro en cada metro cuadrado.
- En ambos casos descritos, naves de uso agropecuario y edificación residencial, se daba por descontado que el sistema funcionaba con suficiente eficacia, aceptando ciertas limitaciones. Pero este sistema constructivo es sólo posible allá donde la lluvia no sea persistente, pues nunca sería viable en zonas geográficas muy lluviosas, como Galicia. Y efectivamente provincias como Segovia, Guadalajara o Soria no sobresalen por lluvias persistentes, sino más bien llueve en períodos cortos, a chaparrones, de modo que tras la lluvia la cubierta se secaría rápidamente.
- Además, la estación húmeda en estas provincias se destaca más bien por la nieve, y contra la nieve el sistema funciona a la perfección. El agua que se va deshelando fluye simplemente por las canales y de esta manera mientras haya nieve en el tejado, lo que antiguamente podía suceder durante varias semanas, la posibilidad de filtraciones desaparecía.
- Digamos por último, como fundamento que recoge todas estas observaciones anteriores, que antiguamente se desarrollaban las soluciones al igual que se hace a día de hoy, o sea, como resultado de analizar diversas premisas, entre las que destacan, para este fin, los materiales existentes disponibles, su coste tanto de adquisición, instalación y mantenimiento, el uso de destino, las característica climáticas, etc. Y en este sentido creo que el producto final definido por las gentes de estos lugares fue acertado, ya que esta solución concreta de tejado resolvía con suficiente eficacia la impermeabilidad, aunque no fuese al 100 %, suponía una buena defensa contra el viento y su coste era muy contenido, tanto el de la ejecución del tejado como el de mantenimiento.
- Existe una última razón que puede haber incidido en que se diera lugar esta solución de tejados y se refiere a las características de la arcilla de estas zonas, que se trata de arcillas poco plásticas y que requieren ser cocidas a alta temperatura, próximas a lo que podríamos llamar gres. Esto obligaba a hacer las tejas muy gruesas, lo que condicionaba su forma, pero creo que esta cuestión es tangencial y no procede ahora que la desarrolle.
Las tejas cocidas se utilizan desde tiempo de los sumerios (hace 5000 años) y luego se han utilizado en los imperios chino y romano. La forma de tejar ha sido siempre muy parecida y no ha sido hasta el siglo XIX, con la aparición de sistemas industriales en los que se utilizaban moldes de prensado, cuando se han introducido cambios sustanciales. En este sentido, la teja más interesante fue la llamada teja marsellesa (cuasi plana y con solape lateral).
La primera novedad importante en tejas se produjo en Europa septentrional aún un tiempo más atrás (hacia el siglo XV muy probablemente).Se trata de un tipo de teja mixta, con una estética plana y curva, donde la forma de río es plana y en uno de los laterales se incorpora un semicono para remontar sobre la teja inmediata de la misma hilada. Con esto se simplificaba bastante la forma de ejecutar los tejados. Esta teja es la precursora de la teja mixta o romana prensada actual.